Mensaje Político


Alejandro Lelo de Larrea


El presidente de Morena en la Ciudad de México, Héctor Díaz Polanco, llegó envalentonado a la reunión del miércoles 29 de abril con los integrantes del Grupo Parlamentario de Morena, seguramente porque ya traía el pleno respaldo de la jefa de Gobierno, Clara Brugada.

El encuentro, que muchos legisladores del partido pensaban sería la despedida de la dirigencia del veterano político terminó siendo una reunión de reclamos y regaños, que evidenció la decisión de Brugada: Díaz Polanco no se va. Se queda al frente del partido, sin fecha de caducidad.

Díaz Polanco sacó el as que traía bajo la manga para aplacar desde el inicio todas las críticas que sabía le vendrían, en especial de un grupo que ya se frotaba las manos que tenía en la bolsa la presidencia de Morena. Les dijo que cuando él llegó a la dirigencia a finales de 2024, no había partido, y lo ha tenido que ir reconstruyendo.

Fue un golpe duro y certero contra Sebastián Ramírez, el antecesor de Díaz Polanco, acaso el más crítico contra él, quien ha impulsado al diputado Paulo García para sustituirlo. Ello significaría que la presidenta Claudia Sheinbaum tomaría el control, porque Sebastían Ramírez es de su equipo y es jefe político de Paulo García. Sebastián Ramírez es empleado de Sheinbaum, como director del Fondo Nacional de Turismo del Gobierno federal.

Díaz Polanco dijo que “no había partido” cuando asumió el cargo, al mismo tiempo es el reconocimiento de que no se operó desde ahí el proceso electoral de 2024, sino desde el gobierno, con las estructuras oficiales, y que Sebastián Ramírez estaba casi de florero. ¿O entonces cómo le hicieron para ganar?

Con esa expresión de “no había partido”, Díaz Polanco también arremetió contra otros de sus antecesores. Tomás Pliego, quien ocupó el cargo después del fracaso electoral de 2021, cuando encabezaba al partido Héctor García Nieto y Morena perdió 9 de las 16 Alcaldías.

Uno de los reclamos más insistentes de los diputados a Díaz Polanco fue que hay un total divorcio entre el partido y el grupo parlamentario. Cada uno va por su ruta. Por ejemplo, en los órganos oficiales de difusión del partido, como el periódico Regeneración o la revista Conciencias, no aparece nada de los logros de los legisladores de Morena en la capital, de las iniciativas que aprueban. Los diputados están borrados. Les interesa salir ahí porque el partido reparte cientos de miles por toda la CDMX.

Otro reclamo: que Morena estaba desaparecido de la agenda política de la Ciudad, y quienes estaban supliendo ese trabajo mediático para posicionar temas a favor de la Jefatura de Gobierno y críticas hacia la oposición eran los legisladores, porque en el partido nadie habla. Tan es así, que tuvieron que crear el espacio político-mediático de las Chilangueras, conferencias dominicales que controla precisamente el grupo de Sebastián Ramírez.

Díaz Polanco no se quedó callado. Regaño a legisladores por su desempeño o por eventos públicos que han realizado. Y en lo que fue muy claro, una y otra vez, es que no va a renunciar, que no se va a ir del partido, si lo quieren quitar, que lo quiten, que él va a seguir siendo feliz como investigador y académico internacional.

Seguramente la firmeza con la que Díaz Polanco dijo que continuará en la Presidencia de Morena convenció a muchos diputados y a otros les dejó como escenario muy probable que estará al frente de Morena para el proceso de selección de candidatos, en septiembre para Alcaldías y en noviembre para diputaciones. Por eso de una vez le pidieron cancha pareja. Sin embargo, para no errarle, mejor deberían ir a pedir eso a otra oficina, ahí en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde traen el balón. Lo veremos.

Redacción

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