Entre los grupos duros, los originales, los fundadores de Morena tienen dos convicciones. La primera: que como van hoy, ya perdieron la Ciudad de México; la segunda: para recuperarla, ven en Iztapalapa el bastión que por tercera vez va a salvar el movimiento de Andrés Manuel López Obrador, como en el 2000 y 2009. FOTO: X / Clara Brugada
Entre los grupos duros, los originales, los fundadores de Morena tienen dos convicciones. La primera: que como van hoy, ya perdieron la Ciudad de México; la segunda: para recuperarla, ven en Iztapalapa el bastión que por tercera vez va a salvar el movimiento de Andrés Manuel López Obrador, como en el 2000 y 2009. FOTO: X / Clara Brugada

Mensaje Político

Alejandro Lelo de Larrea


Entre los grupos duros, los originales, los fundadores de Morena tienen dos convicciones. La primera: que como van hoy, ya perdieron la Ciudad de México; la segunda: para recuperarla, ven en Iztapalapa el bastión que por tercera vez va a salvar el movimiento de Andrés Manuel López Obrador, como en el 2000 y 2009.

Sin embargo, ello tiene una condicionante, desde la lógica de los radicales: la candidata a jefa de Gobierno tiene que ser, obligadamente, de Iztapalapa. Es decir, Clara Brugada. No hay de otra, dicen, hay que dejarse de una vez por todas de esas ideas de la propia Claudia Sheinbaum, de imponer como candidato a Omar García Harfuch, a quien las bases no consideran parte del movimiento, e incluso lo ven como advenedizo, porque llegó ya cuando habían ganado, a mediados de 2019. No le tocó trabajar como ellos, desde por lo menos el año 2011 que se fundó el movimiento, o los más añejos, desde 2000, cuando inició la travesía de López Obrador hacia Palacio Nacional.

La primera ocasión en que Iztapalapa salvó a López Obrador fue precisamente en 2000, pues gracias los votos de esa región de la capital es que pudo ganar la contienda. Hacia junio de aquel año, el final de las campañas, Santiago Creel iba en ascenso, jalado por Vicente Fox en la presidencial, y López Obrador de bajada. La operación electoral impulsada en Iztapalapa por la entonces jefa de Gobierno, Rosario Robles, fue clave para lograr el triunfo de AMLO, por apenas el 3% de los votos.

En 2006, el lugar donde más votos tuvo López Obrador, esa vez para la Presidencia, fue de nueva cuenta en Iztapalapa, que a lo largo de los siguientes años se convirtió en clave para la resistencia frente al Gobierno de Felipe Calderón, a quien consideraban usurpador. En 2009 fue el punto de inflexión, pues la corriente Nueva Izquierda del PRD (Los Chuchos), pretendió quedarse con Iztapalapa. Le quitaron a Brugada la candidatura a la Delegación cuando faltaban 15 días para los comicios. En su lugar designaron a Silvia Oliva Fragoso, esposa de René Arce, uno de esa tribu perredista. Fue cuando López Obrador pidió a Juanito, quien era el candidato del PT, que se comprometiera a que si lo hacían ganar, después de rendir protesta tendría que pedir licencia para que asumiera el cargo Brugada. En esa operación política fue fundamental Gabriel García Hernández, hoy senador de la república y puntero en las encuestas de simpatías para la Alcaldía Iztapalapa, junto con la diputada Martha Ávila.

Ese triunfo en Iztapalapa fue la clave para que, dos años después, López Obrador fundara su movimiento –que este lunes cumplió 12 años–, en 2015 lo elevara a partido político y con tan sólo 3 años de vida ganaran la Presidencia.

Ahora el reto para Morena es preservar el poder, su movimiento. Donde tienen la principal dificultad es en la capital del país. Desde 2021 y hasta hoy, la intención de voto es poco mayor del 50% para la oposición. Por ello es que por tercera ocasión ven a Iztapalapa como la salvación.

Los duros, los radicales creen que hoy tienen un problema que no hubo ni en 2000, ni en 2009: que el elegido por Sheinbaum para candidato de Morena a la Jefatura no es querido por las bases del partido y no les garantiza tener los votos de Iztapalapa, donde saben que deben arrasar para tener mayores posibilidades de ganar en 2024. Pero la condición, insisten, es que debe ser Clara Brugada. Lo veremos.

FOTO: X / Clara Brugada
David Polanco

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