Mensaje Político
Alejandro Lelo de Larrea
Por si había dudas, el miércoles por la noche quedó confirmado que el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, ya no es la solución de los problemas, se ha convertido en el problema. Genera más división y encono que gobernabilidad, incluso al interior de su partido, Morena.
De imprevisto, creyendo que sólo por ostentar el cargo de secretario de Gobierno sería bien recibido, el miércoles por la noche se le ocurrió presentarse en Calzada de Tlalpan, donde manifestantes de colectivos de personas desaparecidas y madres buscadoras marchaban hacia el estadio Azteca –con la consigna “¡México campeón, en desaparición!” –, pero fueron frenados por elementos de la policía capitalina, que por órdenes de la FIFA debían tener liberada la llamada “última milla”. Y para peor, se hizo acompañar de su subsecretario de Gobierno, Fadlala Akabani, quien es un chivo en cristalería.
No tuvieron la más mínima sensibilidad política para prever que su presencia sería mal vista por los integrantes de la marcha de las antorchas, quienes más que ver lo como una buena intención de diálogo, lo recibieron como una provocación o incluso hasta una agresión. Cravioto y Akabani fueron muy imprudentes. Cierto, es un hecho reprobable que los manifestantes los hayan corrido a gritos, mentadas de madre, empujones y lanzamiento de objetos, pero es una reacción ante la falta de empatía oficial.
Incluso, se reportó que Akabani fue golpeado con un palo con picos y que le ocasionaron lesiones. No es la primera vez que le ocurre, porque no tiene talante de negociador, aunque él se crea que sí. Por eso es muy común que lo rechacen cuando pretende dialogar y lo corran con agresiones.
Típico de Cravioto, eludió su error político y tampoco aceptó que la 4T podría haber hecho más en casi ocho años para enfrentar esta crisis de desaparecidos, alertada por la ONU. Acusó que “grupos ajenos” buscan generar violencia en el contexto del Mundial. Cravioto dejó tras de sí una estela de derrota política, con la imagen de privilegiar un evento privado de la FIFA, incluso con policías por delante, por sobre el diálogo y la atención a un grave problema. Esa actitud parece igual que la de los neoliberales que tanto critican.
Los problemas para Cravioto también son al interior de su partido, donde ya no le conceden autoridad para gestionar los conflictos de gobernabilidad en la capital del país, porque no resuelve e incluso genera problemas. En el Congreso de la Ciudad de México varios legisladores confiesan que en vez de propiciar unidad y diálogo, es causa de confrontación y división en el grupo parlamentario. Peor con los aliados del PT y PVEM o la oposición.
Por eso la jefa de Gobierno, Clara Brugada, tuvo que meterse en mayo, por vez primera en año y medio de su gobierno, a tender puentes con el Congreso. Se reunió con los coordinadores parlamentarios de todas las bancadas, quitando como interlocutor al secretario de Gobierno. Legisladores presentes en ese encuentro afirman que de ahí salieron convencidos que hay un enorme distanciamiento de la jefa de gobierno con Cravioto, porque ya no es visto como la solución de los problemas y se ha convertido en el problema.
El secretario de Gobierno es gente del grupo de Martí Batres, hoy director general del ISSSTE –a punto de reventar por la mala gestión con el conflicto de la CNTE–, quien tiene un pacto ahora pendido de alfileres con Brugada, para que a él le corresponda la Secretaría de Gobierno y la coordinación en el Congreso.
Cravioto sueña con ser el candidato de Morena a la Alcaldía de Gustavo A. Madero, lo que cada vez se ve más distante. Incluso, el hecho de que la presidenta Claudia Sheinbaum haya elegido ir a esa demarcación territorial a mirar en las megapantallas la inauguración del Mundial, fue interpretado como un espaldarazo al alcalde Janecarlo Lozano, quien aspira a reelegirse.
Se habla que pasando el Mundial varios altos funcionarios de la CDMX serán removidos, con la excusa de que van a buscar alguna candidatura y por lo tanto tienen que dejar su encargo público. Quizá Brugada quiera preservar su alianza con Martí Batres –a estas alturas es más perniciosa–, por lo que sería muy fácil decirle que la posición de la Secretaría de Gobierno sigue siendo para su grupo, pero que le cambie a la persona, porque Cravioto ya es un problema. Lo veremos.









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