Quien sale de la CDMX tres o cuatro días, tiempo en que el cuerpo más o menos se limpia de los contaminantes, se percata de una triste realidad: al volver, apenas se abren las puertas del avión, se percibe la peste del smog, ese olor a gasolina y diésel quemado, a humo de coche de vieja tecnología de combustión. Provoca nausea y dolor de cabeza. FOTO: Cuartoscuro

Mi ciudad apesta a smog

Magacín CDMX

RECIENTES